Las pinturas de Federico Junca operan como una curiosa inversión de la labor arqueològica : ahì donde un arqueòlogo desentierra capa tras capa hasta hasta dar con los restos de algún depòsito de fòsiles ; Junca sepulta bajo capas y capas de pintura todo aquello reconocible para “mostrarnos” lo inasible e inexplicable.A partir del fragmento, la mancha o el chorrete y utilizando una paleta de color perlada e iridiscente, Junca articula una pintura “totalizadora” que tiene sus antecedentes en la pintura informalista , con reverberaciones y ecos de la “action painting”
A diferencia de ésta sin embargo,la pintura de Junca no desdeña la geometría e incorpora elementos geométricos como líneas verticales y horizontales que sugieren grillas o retículas. Estas conforman una urdimbre o tejido que termina -a fuerza de superposiciones- por volver ilegible lo que había anteriormente. Es como si cada nueva capa de pintura de alguna manera destruyera a la anterior, al tiempo que inevitablemente la incorpora a la nueva superficie, generando así una sensación de crecimiento y cambio constante.
Pintura que habla del exceso, de la acumulación, de lo orgánico y de lo artificial apoyada en un cromatismo exacerbado, revela a un creador obsesionado con la dialéctica que implican la creación y la destrucción, el caos y el orden y que en definitiva nos plantean la existencia como un constante flujo de energia que no se destruye sino que se tranforma.
Joaquín R. Del Paso
San José, Costa Rica
11-2007